El calentamiento global provoca la migración de millones de personas

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El cambio climático está agudizando fenómenos naturales como las sequías, huracanes, ciclones o tornados y están aumentando las inundaciones en zonas costeras. Como consecuencia de ello, miles de personas tienen que abandonar sus tierras, porque su vida está en riesgo. Entre los impactos del cambio climático que van a afectar a la movilidad humana se encuentran el aumento en la frecuencia e intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos, el incremento de las temperaturas y de las sequías, la subida del nivel del mar y la agudización de la pobreza y los choques económicos de las poblaciones, según señala Sara Vigil, investigadora del Centro Nacional de Investigación Científica de Bélgica (FNRS), en el Simposio Migraciones Climáticas organizado por la Fundación Ecología y Desarrollo (ECODES), el pasado mes de noviembre.

Poblaciones atrapadas

Además, las poblaciones más expuestas a estos efectos adversos del calentamiento son los marginados, los grupos dependientes de la agricultura y las poblaciones costeras e insulares, apunta María Jesús Herrera, jefa de la Misión de la Organización Internacional para las Migraciones. Sin embargo, debido a la falta de recursos, los grupos más pobres y más gravemente afectados suelen tener mayor dificultad para evitar los daños y poder migrar. “Cuanto más vulnerables son, menos posibilidades tienen de moverse”, y eso dará lugar a poblaciones atrapadas, indica Vigil.

Para migrar hacen falta muchos recursos y dinero, y en muchas ocasiones las poblaciones más pobres son incapaces de moverse y buscar lugares donde rehacer su vida, no tienen alternativas y quedan condenados a unas tierras en alto riesgo. Kees van der Geest, profesor de Geografía en la Universidad de Naciones Unidas, ha estudiado los casos de poblaciones en Nepal donde, aun conociendo el alto riesgo de inundaciones y avalanchas, muchas familias no tenían alternativa y se quedaron en sus pueblos. “No porque fueran ignorantes, sino porque no tenían recursos para irse”, afirma van der Geest.

El 10% de la población mundial en las 50 ciudades más grandes situadas en zonas costeras de baja elevación (menos de 10 metros sobre el nivel del mar) se verá afectado por el aumento de las aguas marítimas

A los impactos del calentamiento, se unen además de la pobreza, el crecimiento exacerbado y la destrucción ambiental, indica el climatólogo y geógrafo, Jonathan Gómez. Así, en zonas costeras de Indonesia se ha destruido el manglar, un ecosistema natural que es capaz de amortiguar los efectos de un tsunami, y se ha sustituido por resorts de hoteles, lo que conlleva un incremento del riesgo de inundaciones y víctimas. Maite Martín-Crespo, jefa de Área de Medio Ambiente y Cambio Climático de la Agencia Española de Cooperación (AECID), dice que los efectos del tsunami en Sri Lanka fueron claros: dos muertos en zona de manglar y matorral frente a 6.000 en zona sin vegetación, según datos de la UICN. Jesús Marcos Gamero, del Grupo de Investigación en Sociología del Cambio Climático y Desarrollo Sostenible de la Universidad Carlos III de Madrid, señala que la gente se adapta al cambio climático migrando, desplazándose. “No lo hace exclusivamente por el cambio climático, existen otros factores, porque el cambio climático interactúa con otros factores medioambientales para que en las personas se active esta decisión de desplazarse”, apunta Gamero. Existe una multicausalidad de factores políticos, sociales, étnicos y medioambientales. El cambio climático es un multiplicador de amenazas.

62.000 desplazados al día

Entre 2008 y 2014 se desplazaron 184,4 millones de personas en el contexto de desastres naturales; en 2015 hubo 19,2 millones de desplazados en 113 países, 62.000 personas al día, según Eva García Bouzas, de ACNUR. Para el año 2025, se estima que hasta 2.400 millones de personas en todo el mundo vivirán en zonas sujetas a períodos de intensa sequía y unos 50 millones en zonas afectadas por la desertificación. Para 2020, entre 75 y 250 millones de personas en África estarán expuestas al estrés hídrico debido al cambio climático. El 10% de la población mundial en las 50 ciudades más grandes situadas en zonas costeras de baja elevación se verá afectada por el aumento del nivel del mar.

En este contexto de un planeta en constante cambio, los migrantes climáticos ya son una realidad, aunque el derecho internacional no los reconozca. María Jesús Herrera, representante de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), señala que no existe una de nición internacionalmente aceptada que de na a los migrantes por motivos ambientales. Para la OIM, migración por motivos climáticos es el desplazamiento dentro del país o a través de fronteras internacionales de una persona o grupos de personas que se han visto obligadas a abandonar su lugar de residencia habitual, o han decidido abandonarlo con carácter temporal o permanente, principalmente debido a cambios graduales o repentinos en el medio ambiente derivados del cambio climático. Herrera indica que términos tales como “refugiados ambientales” y “refugiados climáticos” no tienen ninguna base legal en el Derecho Internacional.

La Convención de Ginebra del año 1951 no refleja quiénes son refugiados climáticos, por lo que legalmente no cuentan con esa protección. Sin embargo, sí se han dado pasos para que se reconozca su existencia, como por ejemplo en el Acuerdo de París de la COP21 en el que se reconoce ya la vinculación entre migraciones y cambio climático. “Se reconoció la existencia del problema en el Acuerdo de París”, señala Herrera. En el Preámbulo del Acuerdo de París de la COP21, acuerdo jurídicamente vinculante, se dice: “reconociendo también que el cambio climático es un problema común de la humanidad, por lo que las Partes, al adoptar medidas para hacer frente al cambio climático, deberían respetar, promover y tomar en consideración sus respectivas obligaciones con respecto a los derechos humanos,[…] los migrantes,[…].”

Para el año 2025, se estima que hasta 2.400 millones de personas en todo el mundo vivirán en zonas sujetas a períodos de intensa sequía y unos 50 millones en zonas sujetas a la desertificación

En esta línea, Isabel Aranda, de la Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático, explica que en la actualidad los mecanismos para hacer frente a las migraciones climáticas son muy limitados, ya que solo forman parte de las medidas de adaptación contempladas en la Convención. “La migración debería ser un derecho, no una obligación”, señala Susana Borrás, profesora de Derecho Internacional Público de la Universidad Rovira i Virgili. “Expolio, despojo y abandono son las tres características de las personas que por cuestiones ambientales tienen que huir de sus hogares”, añade Borrás.

Por su parte, Anja Mihr, directora del Centro para la Gobernanza a través de los derechos humanos en Berlín, señala la necesidad de buscar soluciones duraderas para que los refugiados vuelvan a iniciar sus vidas en un ambiente normal, ayudándoles a, por este orden: repatriarse a sus países de origen si las condiciones así lo permiten, integrarse en sus países de asilo y reasentarse en un tercer país. El director de ECODES, Víctor Viñuales, concluyó el Simposio afirmando que “queremos corregir la miopía de la compasión, porque estamos genéticamente dispuestos a conmovernos con el prójimo cercano, pero no con el lejano, y si no cambiamos esto el cambio climático no tiene solución”.

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