S.O.S., el cambio climático está acechando el agua de Centroamérica

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Diario Co Latino /

La laguna de Atescatempa, en Jutiapa, Guatemala, es una imagen surrealista, en sus buenos tiempos medía 15 kilómetros de diámetro, pero ahora solo es un charco de apenas tres metros, donde la vida acuática se extinguió ante los rayos del sol, el viento y la falta de lluvias.

El crujir de caparazones de almejas y caracoles resuenan al paso de la gente y los cascos de “El Chorreado”, el caballo que es rodeado por los niños y niñas de la zona y que monta don Sergio, quien trabaja cuidando ganado desde hace 20 años.

“Tengo 66 años y trabajo por acá cuidando ganado de la finca Las Piedritas desde hace tres años, los inviernos han sido malos y la gente vive de la pesca pero ahora no hay laguna y sin trabajo tampoco. Yo les pido que nos echen una mano, miren esta pobreza, miren a estos niños con hambre, denos una mano”, pidió. El cambio climático pasó de ser una amenaza a una realidad palpable y dramática, que expone a los pueblos de la zona rural y la inseguridad alimentaria, como explicó Héctor Aguirre, Gerente General de la “Mancomunidad Trinacional Fronteriza Río Lempa”, entidad que aglutina los esfuerzos de un grupo de profesionales, técnicos y expertos de Guatemala, Honduras y El Salvador.

La Mancomunidad Trinacional Fronteriza Río Lempa cuenta con el apoyo y financiamiento de la Unión Europea, además, por PRENSACA II-PRESISAN, Ministerio de Asuntos Exteriores de Finlandia, Cooperación Española, PNUD, CATIE, OXFAM Italia, Comune de Milano, Fundación ETEA, Plan Trifinio y Cooperación Alemana a fin de crear soluciones para enfrentar la crisis alimentaria y edificar programas de agricultura familiar.

Con ejes como la cohesión social y la autosostenibilidad, la mancomunidad impulsa en 26 municipios proyectos para la gestión e innovación de las condiciones y procesos de desarrollo sostenible; así como políticas públicas locales basadas en: Bosques para Siempre, Hambre Cero, Ciudad Limpia, Aguas Compartidas y Territorio Indivisible. El impacto de la variabilidad climática en la agricultura y la seguridad alimentaria y nutricional de poblaciones vulnerables del “Corredor Seco/Triángulo Norte” es para Héctor Aguirre, Gerente de la Mancomunidad, uno de los retos principales a superar, y que inicia por identificar este fenómeno climático. El Corredor Seco está definido como una zona donde la época seca es mayor a los cuatro o seis meses. La franja está delimitada desde la ciudad de Chiapas, México hasta Centroamérica y la zona baja de la vertiente del Pacífico, donde se encuentra gran parte de la región que comparte Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y parte de Costa Rica. “El fenómeno de El Niño potenciado por el Cambio Climático ha provocado, que el Corredor Seco de Centroamérica sea una de las zonas más vulnerables del mundo por las inestables condiciones meteorológicas y podemos estar ante la peor sequía de los últimos 30 años, tras encadenar tres grandes períodos desfavorables”, explicó.

Jovel Guerra comparte con 75 familias más la situación extrema en el municipio de Atescaempa, Jutiapa, Guatemala, quien calificó como una “pesadilla permanente” los tres meses o cuatro que no llovió a finales del año pasado, que sumados a dos años seguidos inestables de precipitaciones han secado la laguna de donde se proveían de la pesca.

“Aquí, la falta de lluvia, los regadíos allá como El Manguito, que tiene como 10 ó 15, pozos sacan el agua y creemos que se consume también mucha agua, y ahora no tenemos agua para nosotros, pero si levanta un terrón -por decir así- hay agua por bajo… ese es detalle de la laguna, de que tiene agua cerquita, pero porque no ha llovido está todo seco y no tenemos el pescado para nuestras familias”, manifestó Guerra.

Está claro que en este lugar deben trabajar juntos como comunidad y las autoridades de los gobiernos locales y nacionales, junto a los técnicos de la mancomunidad, para definir estrategias de mediano y largo plazo, así como construir alternativas sustentables de alimentación y resiliencia.

“Todos nosotros debemos trabajar juntos si llueve y la laguna llega a tener solo dos metros de hondo no habría mucho pescado, pero tendríamos agua, eso lo tenemos que remediar. Si llueve fuerte vamos a tener agua y tendremos que ponerle de nuevo semillas (alevines) y sacarle la basura que traen a la laguna los ríos Chingo y Amatal, sacar la tierra que asolva y sembrar árboles forestales, para que se quede el agua”, manifestó. María Julia Medina es originaria de Asunción Mita, Guatemala, y trabaja con el Programa de Sistemas de información y Resiliencia del SICA en Seguridad Alimentaria y Nutricional, que acompañan a la Mancomunidad Trinacional con asistencia técnica en el tema de la seguridad alimentaria y nutricional, consideró que la situación de la Laguna Atescatempa es la suma de varios problemas, el primero es la sequía en el territorio, ya que las lluvias dejaron de caer desde noviembre y mantenido un patrón irregular de lluvias. “Otro elemento importante desarrollado en la zona, es que antes la laguna era una reserva libre y ahora es tierra privada, entonces, eso, limita algunos puntos de la laguna por la extracción del agua de pozos. La deforestación es grave y toda esta tierra que está acá, bajo nuestros pies no pertenece a la laguna, es tierra que viene de los alrededores que son escorrentías; además, falta asistencia técnica para darle manejo a la laguna, porque hubo gente que puso almeja en la laguna y luego siembran alevín de tilapia. La almeja se comió los alevines, entonces, todo esto genera otra serie de problemas. Se tiene que trabajar sistemáticamente para tener resultados”, sostuvo.

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