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Migrantes invisibles

/ En los medios

El Diario de Coahuila /

La migración es un fenómeno de difícil explicación y múltiples aristas. Las políticas antimigratorias impuestas por el nuevo gobierno de Estados Unidos (EU) no son más que un reflejo de la incapacidad de Donald Trump por entender los problemas y situaciones que aquejan al mundo.

Para saber hasta qué punto las políticas promovidas por el gobierno estadounidense —y también mexicano— en esta materia son útiles, es necesario conocer con plenitud las causas que la propician.
Empezaré diciendo que la migración se trata de un fenómeno común y básico de la propia naturaleza, inclusive, sus orígenes anteceden a la existencia de la especie humana. Ante un cambio climático, un desequilibrio en un ecosistema, o cualquier tipo de amenaza, las especies animales siempre han tenido el mecanismo de la migración como un recurso de supervivencia. Cuando el entorno le es desfavorable, la especie que decide no migrar está condenada a la extinción.
Gracias a que nuestros ancestros hicieron uso de este recurso, no perecimos como tantas otras millones de especies. Por otro lado, la inteligencia es una actividad mental dirigida a la adaptación de nuestro entorno, pero si éste no nos favorece entonces podemos optar por buscar otro mejor tal y como lo hace el migrante.
Migrar es un acto natural y de la inteligencia, además de necesitar el coraje y la valentía para trasladarse a un nuevo entorno. Al no entender este aspecto de la naturaleza humana muchos políticos buscan tacharla de criminal e ilegal cuando su origen es biológico.
Las nuevas directrices y órdenes ejecutivas antimigrantes distan mucho de atender sus verdaderos motivos. Lo importante no es saber si los inmigrantes en EU tienen papeles, ni si alguna vez han cometido alguna infracción, o si un muro detendrá el flujo migratorio; lo verdaderamente importante es comprender por qué una persona deja su lugar de origen para trasladarse a otro.
Los cambios climáticos siempre han figurado entre las causas más relevantes de la migración de especies y la humana no es excepción. De no atender este inconveniente podría haber una ola migratoria como nunca antes en la historia reciente, pues las sequías e inundaciones obligarían a muchos trabajadores, campesinos y agricultores a buscar oportunidades en EU.
Los motivos que causan este fenómeno son de diversa índole: puede deberse a la carencia de condiciones laborales dignas, por desplazo ante la violencia (como ocurre en Medio Oriente), o bien, por costumbre. Estos tres factores se conjugan en un perfecto caldo de cultivo para acrecentar el fenómeno migratorio justo como sucede en México. En nuestro país no es raro encontrar condiciones laborales poco dignas con salarios miserables y sin seguridad social.
La creciente violencia ha cobrado factura sobre la migración. Al encontrarse con un crimen organizado que impera sobre el Estado de Derecho como sucede en muchos municipios, migrar es la opción más viable.
Por otro lado, en comunidades enteras la migración se ha vuelto ya parte de su huella, como bien lo plasma el gran documental de Juan Carlos Rulfo «Los que se quedan». En este documental se ven comunidades compuestas en su mayoría por mujeres, pues los hombres al cumplir cierta edad se van a Estados Unidos.
Tanto Trump como nuestros políticos parecen ignorar estos factores básicos de la migración. Las medidas propuestas por Trump son simplistas e impresionistas, ya que se basan únicamente en resultados visibles a los ojos de sus simpatizantes como lo son la contratación de miles de agentes migratorios, patrullas fronterizas, o bien, la construcción de un gigantesco muro.
Este tipo de soluciones–a–medias sólo atienden a los síntomas. En cambio, las medidas que disminuyen la migración son aquellas que van directamente a la raíz y, en consecuencia, modifican las condiciones de vida en los lugares de origen del migrante; no obstante, ciertas posturas de Trump irían en detrimento de sus intenciones de frenar la migración. Veamos tres ejemplos:
  1. Al fortalecer la industria bélica estadounidense aún más (como Trump lo ha prometido) sólo se aumenta la probabilidad de que más armas crucen de Estados Unidos a México repercutiendo en los niveles de inseguridad que azotan las comunidades de las que huyen los migrantes.
  2. Trump ha prometido traer de vuelta las fábricas de empresas norteamericanas alojadas en otros países. Cada obrero mexicano desalojado de su trabajo en una fábrica es candidato a cruzar ilegalmente a EU.
  3. La amenaza del calentamiento global simplemente es inexistente para el gobierno de Trump. Los cambios climáticos siempre han figurado entre las causas más relevantes de la migración de especies y la humana no es excepción. De no atender este inconveniente podría haber una ola migratoria como nunca antes en la historia reciente, pues las sequías e inundaciones obligarían a muchos trabajadores, campesinos y agricultores a buscar oportunidades en EU.
La relación entre México y Estados Unidos en materia migratoria no siempre fue tan tensa como lo es hoy. En plena Segunda Guerra Mundial ambos gobiernos firmaron un convenio popularmente conocido como «Programa bracero”, que duró poco más de dos décadas (1942-1964). Estados Unidos requería de mano de obra porque toda su fuerza laboral se había enfocado al aparato militar (para enfrentar la amenaza nazi) y su industria agrícola, entre otras, se habían quedado paralizadas.
El papel del inmigrante fue vital para reactivar la economía estadounidense en la postguerra y preponderar a EU como la potencia más sólida del mundo desde entonces. No es coincidencia que muchas de las ciudades más prósperas de EU tengan una concentración inmigratoria especialmente latina como Los Ángeles, Houston, Florida, Chicago y Nueva York.
Donald Trump dejó de ser una amenaza para volverse una realidad. Los nuevos lineamentos emitidos desde la Casa Blanca han contribuido a crear un ambiente de miedo y desconfianza dejando al inmigrante en un estatus similar al de cualquier prófugo de la justicia. Esto ha afectado especialmente a aquellos oriundos de México, pues las cifras recientes indican que al menos 1 de cada tres deportados es mexicano (de las 2.8 millones de deportaciones totales realizadas en los dos periodos de Barack Obama).
Antes de la llegada de Donald Trump a la presidencia de EU, el inmigrante indocumentado no formaba parte de la agenda ni del discurso del gobierno mexicano (su condición pasaba a ser problema del gobierno norteamericano); no importó el abuso de las autoridades migratorias, ni el récord nunca antes visto en deportaciones en la administración de Obama.
El reciente y abrupto cambio de actitud de nuestra clase política hacia el migrante no puede leerse sino como un acto oportunista de moverse hacia donde están los reflectores. El gobierno mexicano ha alzado la voz en pos de una enorme comunidad a la cual nunca vio cuando necesitaba oportunidades de trabajo y condiciones de seguridad. Ahora resulta que México protegerá a través de sus consulados a quienes no pudo proteger cuando estaban en su propio territorio.
México no debe repetir los mismos errores que ya cometió con aquellos mexicanos que abandonaron su tierra. Se debe trabajar en las comunidades y municipios donde hay mayor afluencia migratoria hacia EU para darles las oportunidades que no tuvieron quienes ahora están a merced de Trump. La atención no debe concentrarse totalmente en los consulados mexicanos, porque eso sería afrontar únicamente las consecuencias migratorias. Sólo atendiendo las causas es como no se le volverá a fallar a nuestros paisanos.

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