¿Por qué no son refugiados los desplazados por el clima?

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Cada año alrededor de 20 millones de personas se ven forzadas a desplazarse por razones relacionadas con el clima, pero no son reconocidos como refugiados.

El cambio climático es una amenaza como lo es el terrorismo o los conflictos armados y como estos también produce desplazamientos de población. Está pasando en países como Somalia o Bangladesh. Las sequías hacen que los ganados mueran y las inundaciones que no haya agua potable. Las personas tienen que dejar sus hogares, cruzar las fronteras, pero, ¿son refugiados?

Según la Convención de Ginebra de 1951, no. Los refugiados climáticos no están protegidos por las leyes internacionales. Michael Doyle es profesor de la Universidad de Columbia y se ha propuesto cambiar eso. “Lo que proponemos es cambiar las leyes actuales, hacer que sean más compresivas, que cubran las distintas razones que hacen que las personas se muevan. Ya sea de forma voluntaria o involuntaria, como ocurre con el cambio climático”.

Expertos y académicos liderados por Doyle se han reunido durante los últimos dos años para crear un nuevo modelo que proteja todos los desplazamientos de población y que implique un reparto de responsabilidades entre los países. “El objetivo es llegar a un conjunto de leyes más coherentes, más lógicas y más humanas”.

Unas leyes que protejan a esas personas que sabemos que van a tener que dejar sus casas cuando las temperaturas aumenten o cuando suba el nivel del mar. Lo sabemos porque la comunidad científica ya ha previsto las consecuencias que el cambio climático tendrá en unos años. “Sabemos que va a haber un número cada vez mayor de desplazamientos, así que la cuestión es: ¿Vamos a intentar preparnos para ello o lo vamos a dejar al libre albedrío y que el país más cercano a donde ocurra el problema tenga que asumir todas las responsabilidades?

Por ahora, parece que va a ser esa segunda opción porque los gobiernos no tienen intención de cambiar las leyes actuales o de proponer unas nuevas. “Hay gobiernos que simplemente no quieren aceptar a extranjeros en su país, otros no quieren reconocer las complicaciones que esto supone. Y, además, existe un temor a intentar reformar las leyes actuales por miedo a que países como Dinamarca, por ejemplo, aprovechen esa posible reforma para debilitarlas”.

Doyle dice que es optimista, pero también realista. Sabe que con gobiernos como el de Trump en Estados Unidos o con la falta de compromiso y responsabilidad que ha mostrado tener Europa, su propuesta no será considerada hasta dentro de 10 años. Para entonces, según la ONU, habrá cientos de millones de desplazados por el clima.

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