Saltear al contenido principal

¿Realmente somos pocos?

/ En los medios

Levante - José Albelda /

Estos días, los medios de comunicación se han hecho eco de las estadísticas relativas al descenso de la natalidad en la Comunitat Valenciana y en el resto de España. Un descenso en el primer semestre de 2016 de más de un 6 % en relación al mismo período del año anterior. La tasa más baja desde el año 1974, sumando un 15 % menos en los últimos 5 años, que se explica en parte por el alargamiento de la crisis económica que se inició hace ya nueve años. En cuanto a población total, la Comunitat sigue menos poblada que en los años de las vacas gordas, por dos motivos bien conocidos: el regreso de numerosos inmigrantes a sus países de origen a partir de 2008, y la diáspora de nuestros jóvenes en busca de un primer trabajo que en nuestro país se les niega. El número de defunciones también sigue superando al de nacimientos, con lo cual la pérdida de población se mantiene. A su vez, la pirámide poblacional tiende al envejecimiento, debido a las mayores expectativas de vida, con lo cual el problema de la renovación generacional y la liquidez para las pensiones sigue bien presente.

No tiene sentido pensar localmente en términos de población y dejar la globalización solo para el comercio y las finanzas. Tenemos miles de refugiados humanitarios y medioambientales que llaman a nuestras fronteras y los admitimos a cuentagotas

Ante este panorama, ya surgen algunas voces como las de determinados sectores de la Iglesia Católica que animan a la maternidad de las españolas, algo que no deja de resonar a tiempos pretéritos con los premios a la natalidad y las películas de familias numerosas pletóricamente felices. Pero la España de los 60 es muy distinta a la actual, y el mundo de entonces se ha convertido que lo que los especialistas llaman «un mundo lleno», donde cada vez hay menos recursos disponibles para una población todavía creciente a nivel global. Por lo demás, el aumento de las temperaturas debido al cambio climático va a generar una mayor desertización en amplias zonas ecuatoriales y tropicales, agravando los problemas relativos al agua potable y a la producción de alimentos, que necesariamente repercutirá en un aumento del número de refugiados ambientales.

Es por ello que, en términos de población, hemos de pensar también globalmente: no interesa que aumente más la población total del planeta, y sí ser sensibles a la movilidad de personas que por conflictos bélicos o hambrunas necesitan emigrar. Esta es la mejor solución a nuestro problema demográfico, en términos solidarios y prácticos, y no potenciar la natalidad autóctona. No tiene sentido pensar localmente en términos de población y dejar la globalización solo para el comercio y las finanzas. Tenemos miles de refugiados humanitarios y medioambientales que llaman a nuestras fronteras y los admitimos a cuentagotas. Familias completas, con muchos niños que podrían perfectamente completar la población que vamos necesitando.

Leer noticia completa


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Volver arriba