Se avecina algo distinto

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El País /

Lo vivido hasta ahora ya no vale. No se van a perpetuar las temperaturas conocidas hasta el momento, ni la cantidad de niños en las plazas, ni la edad de los mayores, ni se requerirá igual mano de obra, ni se priorizará el valor a los mismos objetos o experiencias, aunque los pocos poderosos apoltronados que rigen las dinámicas del mundo no querrán moverse ni una milésima de sus posiciones e inventarán estrategias para mantener privilegios y lujos a toda costa.

Queda entonces al alcance de la sociedad burlar la inercia a la que arrastran estos mínimos interesados, actuar y consumir a escala humana, redimensionar lo necesario y lo superfluo, perder los miedos inculcados hacia el semejante por los intereses de esos otros, evitar los conflictos masivos, buscar resortes para defender valores humanos, desactivar las alertas de intolerancia. En definitiva, conocer y reconocerse entre todos como iguales en la diversidad y así, cambiar las altas políticas y la vida en la calle para un futuro que se avecina distinto de lo conocido. “Una persona que vive en el 2017 tiene que estar pensando en el 2050. Otra cosa no es asumible”, planteó José Miguel Sánchez, letrado del Tribunal Constitucional especializado en cuestiones migratorias en la jornada Una visión de la inmigración desde los Derechos Humanos, organizadas por el defensor del pueblo estatal y andaluz en Sevilla.

¿Qué sentido tiene entonces poner un nuevo Centro de Internamiento de Inmigrantes (CIE), o mantener la estructura actual por 10 millones de euros al año en España, si la ONU prevé 200 millones de desplazados climáticos para el 2050, o la población infantil de África aumentará 170 millones entre este año y 2030. ¿Qué sentido tiene limitar la sanidad a los migrantes si las enfermedades no son racistas? ¿Qué sentido tiene limitar la población en un país que envejece? Durante su conferencia inaugural, el catedrático Sami Naïr estableció las migraciones climáticas como “el gran desafío de la humanidad”, y recordó un punto de inflexión de este devenir en marzo de 2015. “En ese mes, por primera vez en Europa, se registraron menos nacimientos que fallecimientos. No hay suficiente gente para soportar los costes del enriquecimiento. Solo esto demuestra que Europa necesita la inmigración”, planteó Naïr, que destacó una importante amenaza demográfica en España y señaló a Francia y Suecia más alejados de esta cuestión por programas de ayudas a mujeres para tener hijos y abrir las puertas a los migrantes.

Los CIE no son ni eficientes, ni eficaces, ni efectivos (…) Han perdido su carácter de excepcionalidad

De pie, alzando un vaso de cristal vacío en la mano, el jefe de la Unidad del Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura del Defensor del Pueblo Español, José Bartolomé Martínez, reconoció: “Un vaso me parece a mí un CIE respecto a los problemas y desafíos que se han puesto encima de la mesa. Es intentar coger el agua del mar con este vaso. Vale, no serán uno, serán siete, o 10, y tendrá capacidad para 140 personas o 500. ¿Y qué hacemos con esto? ¿Un vaso va a permitir regular los flujos migratorios? ¿De verdad creemos eso? ¿De verdad Europa viene a valorar eso cuando viene a España? ¿Esto es serio? ¿Es la política del vaso o la política del agua de lo que estamos hablando?”, escenificó como una metáfora Bartolomé frente a Francisco Coria, asesor del Secretario de Estado de Seguridad, que apostó por reformar los CIE en lugar de por abolirlos.

La abolición era la opción de otros participantes en el encuentro como Elisa García, directora del Observatorio del Sistema Penal ante la Inmigración y coautora de un informe sobre los 30 años de CIE en España titulado Razones para el cierre de los CIE: Del reformismo a la abolición. “Los CIE no son ni eficientes, ni eficaces, ni efectivos (…) Han perdido su carácter de excepcionalidad”, declaró. “Si el 71% de las personas que están dentro de los CIE no son expulsadas (del país) quiere decir que se habrán expulsado estando ya en libertad, o no. Y no ha pasado nada. Ningún europeo se ha visto afectado porque el 71% de los inmigrantes irregulares esté en libertad”, ilustra García. “Tiene que haber control de flujos, la cuestión es como”, planteó Bartolomé como desafío para el futuro.

El racismo se desarrollará inevitablemente en los próximos años y tenemos que movilizarnos frente a eso

Para el letrado del Tribunal Constitucional, que aclaró que sus declaraciones eran opiniones personales, las políticas migratorias no se gestionan con vistas al futuro ni a un presente que trate a todas las personas bajo derechos universales. Reconoció haber llorado con la sentencia del Tribunal Constitucional en 2015 que denegó a los migrantes en situación irregular el derecho a la educación o la que confirmó en 2016 que era constitucional que se les excluyera de la sanidad universal. En un repaso a la concepción de los derechos humanos en España, que parte de llevar 30 años de retraso respecto a otros países de Europa, ve cómo, después de un avance considerable hasta 2007, los derechos han ido mermando desde un Estado del Bienestar vinculado a la condición humana, hasta derechos de ciudadanía, más vinculados a los trabajan y son titulares de una autorización, “con lo cual se excluye de cualquier prestación a los inmigrantes en situación irregular”.

Es un debate que se abre para abordar lo desconocido que se avecina y que se debe gestionar desde la tolerancia de la sociedad sumida en miedos, desconocimientos e incertidumbres, según se planteó. “El racismo se desarrollará inevitablemente en los próximos años y tenemos que movilizarnos frente a eso. El odio va a aumentar y ese es el reto de nuestra generación y de las que están por llegar. Se trata solo de un problema de solidaridad humana”, vaticinó Naïr, que exige una política macroeconómica que vincule la cooperación y la migración. “Necesitamos estabilizar la situación, una gran política de codesarrollo, que frente a nosotros haya un mercado solvente, que los migrantes sean como un vector. Si nosotros no lo hacemos serán las mafias las que lo hagan”, concluyó el pensador.

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