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“Todos somos potenciales refugiados por causas climáticas”

/ En los medios

El Diario Montañés /

Los refugiados climáticos abandonan sus hogares porque el entorno se ha vuelto hostil: sequías, lluvias torrenciales o un mar desbordado les impiden vivir donde lo hacían. Las causas son consecuencia del calentamiento global, del cambio climático. Aisha Al-Said Albella (Santander, 1979) examina esta realidad desde hace años. En la actualidad combina la investigación sobre cambio climático y alianzas para el desarrollo con su puesto en la Fundación FC Barcelona. Antes ya trabajó en proyectos de cooperación en distintas ONGD, desde la Universidad de Cantabria, en el Programa de Gobernabilidad de la AECID o en la división de Evaluación de Políticas de Desarrollo del Ministerio de Asuntos Exteriores. Entre 2009 y 2012 dirigió la Fundación Fondo Cantabria Coopera.

Ahora que Trump amenaza con los acuerdos para controlar el cambio climático mundial, y que las fotos de la NASA muestran los polos menos helados de la historia moderna no son tiempos para el optimismo.

La variable climática se suma a la migración forzosa. ¿Cómo influye?

Yo diría que el cambio climático afectará a la migración a través de su impacto en variables económicas, sociales y políticas. Sus consecuencias ya son visibles en la actualidad. Desde 2008, una media anual de 26,4 millones de personas fueron desplazadas por un desastre, una persona por segundo. En 2014, 17,5 millones se vieron obligadas a desplazarse de sus hogares por causas climáticas como lluvias torrenciales, tornados, tormentas o subida del nivel del mar. Y eso sólo son datos relativos a efectos climáticos de alta intensidad, lo que todavía no está calculado es el impacto de fenómenos como las sequías o la reducción de precipitaciones en entornos altamente dependientes de la disponibilidad de agua.

Tomando las cifras de ACNUR, en los próximos 50 años habrá entre 250 y 1.000 millones de desplazados por causas climáticas. ¿Dónde se produce ya esta migración, dónde en el futuro?

Las cifras son muy discutidas y es muy complicado hacer una predicción, debido en parte a que la decisión de migrar depende de muchas variables. En la actualidad, el cambio climático afecta a todo el planeta, aunque la mayoría de las personas desplazadas por causas medioambientales se encuentra en Asia. Kiribati o Bangladesh están gravemente afectados por la subida del nivel del mar; China sufre con crudeza las constantes sequías; América y África son muy vulnerables también a sequías e inundaciones. EE UU ha reconocido hace unos meses a refugiados climáticos en su territorio. Pero la reflexión no es tanto dónde sino qué personas serán afectadas. Como siempre, las más vulnerables, y éstas ya se encuentran en todas partes.

Estos refugiados no cuentan con un estatus que les reconozca como tales. Sólo ciertos países admiten el concepto de refugiado climático. ¿Qué futuro les espera?

Qué futuro nos espera, diría yo. Todos somos potenciales refugiados o migrantes; y más cuando nos referimos al impacto del medio ambiente en nuestras vidas. Por eso es necesario consensuar un acuerdo que proteja, más allá de la Convención de Ginebra, a las personas obligadas a huir de sus hogares, temporal o permanentemente, por causas relacionadas con el clima extremo. Y en cuanto al futuro, es incierto. Tenemos una idea de lo que puede suceder, pero la intensidad y el momento se desconocen. Las predicciones varían. Lo que es seguro es que, además de la protección legal internacional, es necesario poner en marcha medidas de adaptación y mitigación que reduzcan el impacto en nuestros entornos y protejan a los débiles.

En España, la situación climática más crítica se vivirá en las zonas sur y sureste. ¿Qué escenario prevé? ¿Se producirán en España desplazamientos forzados en este siglo?

El cambio climático afecta a todas las zonas del planeta, pero de forma diferente y con diversa intensidad. España será uno de los países de Europa que más sufrirá los efectos del cambio climático: desde la alteración de especies autóctonas hasta la aparición de especies invasoras, pasando por la disminución del agua disponible y el aumento de la desertificación. El impacto económico del cambio climático podría obligar a aquellas personas que viven de la agricultura, por ejemplo, a migrar hacia las ciudades. Obviamente, el impacto en los movimientos de personas dependerá de cómo se proteja a las más vulnerables y qué medidas de adaptación se pongan en marcha.

¿Cómo afecta el cambio climático a Cantabria, a la zona cantábrica?

Aunque no lo creamos, el cambio climático también afecta a Cantabria. Todos hemos sido testigos de la subida del nivel del mar y de las tormentas que cada año se llevan más playas; se prevé que todo el Cantábrico pierda cada vez más superficie de playa. En las zonas costeras también se observará una reducción de la productividad de las aguas marinas. En la zona de la cordillera serán más habituales los deslizamientos de tierras; los vientos de dominante sur y suroeste serán cada vez más fuertes; se incrementará el número de incendios. Las consecuencias económicas se podrán observar en mayor medida en los sectores agrícolas y ganaderos, además de en el sector servicios por las consecuencias sobre infraestructuras turísticas.

¿Cuál será el impacto desde el punto de vista migratorio? Los cántabros emigrarán, quizá Cantabria sea receptora de migrantes forzados.

Es difícil saberlo. El desplazamiento forzado por causas climáticas es el resultado de la suma de dos factores: los efectos del cambio climático en forma de inundaciones, tormentas, sequías o subida del nivel del mar, por un lado, y el diseño y ejecución de políticas públicas erróneas. Por ejemplo, el permiso de urbanizar en zonas costeras muy cerca del mar. Todos hemos sido testigos del efecto de la subida del nivel del mar en algunas edificaciones. El impacto del cambio climático en las vidas de la ciudadanía cántabra dependerá mucho de las medidas de adaptación que se pongan en marcha por parte de gobierno y de nuestra exigencia para que éstas sean las más adecuadas a nuestro entorno de mayor vulnerabilidad.

¿Cómo han de velar las políticas públicas por los refugiados climáticos?

De dos maneras. En primer lugar, con medidas de mitigación del cambio climático. Aunque el calentamiento global ya es inevitable, su intensidad futura dependerá de las políticas públicas de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero a través, por ejemplo, de la apuesta por las energías renovables. En segundo lugar, con medidas de adaptación. Si somos conscientes de que el nivel del mar va a subir y que habrá crecidas ocasionales de los ríos, inevitablemente se tendrán que tomar decisiones sobre dónde no construir viviendas; si sabemos que habrá un incremento de lluvias torrenciales, habrá que investigar qué cultivos promocionar para evitar el estrés hídrico en los suelos. Estas medidas dependen de las decisiones informadas de los políticos y de la incidencia de otros actores como la sociedad civil.

¿Qué estrategias pueden aplicarse desde la cooperación?

Lo fundamental es el cumplimiento del principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas. Los países desarrollados dicen que ellos ya no son los máximos responsables del flujo global de emisiones, pero olvidan que sus emisiones per cápita cuadriplican las de los países en desarrollo. Por tanto, están obligados a transferir recursos financieros y tecnología para medidas de adaptación y mitigación, y a dejar espacio en los bienes comunes ambientales. Tenemos que reducir no solo nuestras emisiones totales, sino nuestras emisiones per cápita (y ahí la diferencia de EE UU es brutal), lo que pasa por un cambio en nuestras matrices de producción, transporte y consumo.

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