Vidas ignoradas y despreciadas en el contexto de emergencia climática: las migrantes climáticas

23 March 2011: Approximately half a tonne of food and medical supplies, including vaccines, has today been delivered by air to Fanga Suk, in East Jebel Marra, from El Fasher, North Darfur. The inter-agency mission, the first after months of clashes between the Government of Sudan and rebel groups, was led by UNICEF, OCHA and UNAMID. The humanitarian team administered vaccinations to more than 100 children under the age of five.  Picture: UNAMID - Olivier Chassot

“Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero”.
Alejandra Pizarnik
1955 – 1972

El actual contexto de emergencia climática explicita la fragilidad del equilibrio ecológico del Planeta y nos precipita inexorablemente a los límites biofísicos de nuestra existencia.

En los intentos de replantear un sistema fallido, no se puede olvidar que detrás del cambio climático hay relatos de vida en peligro, como la de millones de personas que integran los movimientos migratorios forzados, en busca de alguna oportunidad para dignificar su existencia como seres humanos y procurar su bienestar y cuidado. Son las personas olvidadas de esta emergencia climática, solo unos efectos colaterales y unas externalidades ignoradas de un sistema que excluye la diferencia, materializa el bienestar y desprecia la vida.

La falta de exposición a realidades, que nos son aparentemente ajenas y lejanas, nos ayuda a reconfortarnos en nuestra ilusión de bienestar, contribuyendo al deterioramiento global y a normalizar esta situación de excepcionalidad climática y humana.

Por esto es justo decir que hay víctimas del cambio climático, son nuestras víctimas, aquellas a las que cerramos puertas y dejamos olvidadas en los fondos marinos, mientras impasibles observamos que sí, ahora sí, la vida “ya no tiene precio”.  Estas víctimas son las mismas que han sufrido el impacto severo de políticas promotoras del cambio climático y gestadas por un sistema de corte feudalista, con sede en los países industrializados, construido sobre una base patriarcal y alimentado por feroces necropolíticas colonialistas y extractivistas y exterminadoras de recursos naturales ajenos.

El cambio climático es el daño ambiental de este sistema y las personas, que abandonan sus hogares para convertirse en migrantes climáticos, es el daño humano.

El cambio climático es el daño ambiental de este sistema y las personas, que abandonan sus hogares para convertirse en migrantes climáticos, es el daño humano. La historia del cambio climático es un relato de emisiones, de degradación del medio ambiente, de acumulación por desposesión y de relaciones de poder desiguales. Y las historias de las personas migrantes climáticas son de desigualdad, despojo, abandono y negación de derechos y libertades fundamentales.

No conocemos con exactitud las realidades de las migraciones climáticas, porque tampoco podemos precisar el grado de causalidad que entraña la “huida climática”, pero lo que sí están claras son tanto las raíces comunes de su situación, que no son más que las derivadas de una herencia de dominación y explotación; como también son claras las evidencias de sus consecuencias, su exposición al riesgo, a la inseguridad y al sufrimiento humano, que soportan millones de personas en los éxodos migratorios hacia mundos metabolizadores del sufrimiento humano.

Las más vulnerables ante el cambio climático

Las mujeres y niñas en países empobrecidos asumen el mayor peso de esta crisis sistémica, en la medida que la situación climática empeora sus realidades, como mujeres y niñas, marcadas por discriminaciones socioestructurales preconceptualizadas, que determinan su inferiorización y la negación de derechos en razón de su género. Aun en estas circunstancias, ellas intervienen directamente en la producción de alimentos y mantienen la agricultura familiar, además de ser las responsables de las tareas domésticas y del cuidado de los hijos.

La migración, en el caso de las mujeres y niñas, responde a una necesidad de supervivencia, de adaptación y de resistencias frente a los roles patriarcales impuestos y sustentados a lo largo de la historia en los diferentes ámbitos políticos, sociales, culturales, religiosos y económicos y que perdura y se reproduce en todo el proceso migratorio.

La migración, en el caso de las mujeres y niñas, responde a una necesidad de supervivencia, de adaptación y de resistencias frente a los roles patriarcales impuestos y sustentados a lo largo de la historia.

El aumento de la feminización de la pobreza y de la migración visibiliza una realidad, que ha sido neutralizada por los marcos políticos y jurídicos y que se sigue olvidando, aun incluso en esta situación de cambio climático, a pesar de que las mujeres y niñas desempeñan roles claves y vitales para sus comunidades, especialmente, en términos de adaptación y resiliencia climática.

Por esto también es justo dignificar y reconocer el papel tan importante que desempeñan las mujeres y niñas en muchas partes del mundo para responder a los efectos del cambio climático, con sus cuerpos y sus resistencias, pero especialmente de aquellas que están en movimiento y que a pesar del riesgo al que se enfrentan, siguen tejiendo el cuidado de la vida.

La falta de visibilización de la situación de las migrantes climáticas contribuye a acrecentar la violencia machista, las discriminaciones por razón de género y las negaciones de derechos y libertades fundamentales, de tal gravedad que evidentemente trascienden la preocupación por los efectos derivados del cambio climático. Así, la situación de las mujeres y niñas migrantes en contextos de cambio climático se diluye en una eternización de los procesos migratorios, propiciados por el rechazo y la expulsión por parte de los mismos perpetradores del daño ambiental, que deriva en fatalidades toleradas e internalizadas socialmente y, en el peor de los casos, culmina en su “extinción anónima”.

Informe “Perspectivas de género en las migraciones climáticas”

El estudio de ECODES, gracias al magnífico trabajo de Beatriz Felipe, constituye una aportación de las realidades vitales a las que mujeres y niñas se enfrentan en todos los procesos migratorios y en los que el cambio climático es un factor multiplicador de riesgos, amenazas y vulnerabilizaciones, basadas en su condición de mujeres y niñas, de migrantes y de provenir de países empobrecidos. El fenómeno de multidiscriminación, basado en una especie de racismo sin raza, que subyace a estas realidades, impone una visión injusta y debilitante de la situación de las migrantes climáticas, contribuyendo a su fragilización, vulnerabilización y estigmatización aporofóbica y, que transciende, en muchas ocasiones, el discurso climático.

En este sentido, es necesario transitar urgentemente hacia acciones climáticas aceleradas, justas, inclusivas y participativas, basadas necesariamente en una perspectiva de género, no solo para salvarnos (si aún es posible), sino sobre todo para responder a las necesidades de las personas que urgentemente necesitan auxilio humanitario, por sufrir injustamente las consecuencias de nuestros ecocidios y biocidios.

En efecto, promover políticas inclusivas, que reconozcan la diversidad para proteger la igualdad, y asuman las responsabilidades pasadas y actuales de la herencia del daño climático, junto con la exigencia de anticipar, prevenir y minimizar las causas del cambio climático son fundamentales para responder a las situaciones a las que se enfrentan mujeres y niñas en muchas regiones del mundo. Pero también es importante mostrar compasión, solidaridad y compromiso con las personas que ya soportan estas realidades.

La exposición a estas realidades, ambientales y humanas, quizás contribuya a aprendizajes necesarios para poder construir bienestares, dentro de un nuevo modelo socioecológico que no comprometa la vida del Planeta y de las personas. Las transiciones son necesarias, pero no serán posibles sin una comprensión de la fragilidad climática y las desesperanzas del despojo.

Las transiciones son necesarias, pero no serán posibles sin una comprensión de la fragilidad climática y las desesperanzas del despojo.

Y por muchos muros y fortalezas que se construyan, los saberes emocionales de las comunidades, en especial de las mujeres y niñas, lograran superar y resistir al autoengaño ilusorio de la seguridad sostenida sobre la base de argumentos ecofascistas emergentes, que invaden los intelectos postmodernos y que pretenden convencer de la existencia de otro mundo mejor.

No solo es una cuestión de justicia reflexionar sobre realidades incómodas, sino también es indispensable para el restablecimiento de la igualdad y los derechos en todos los ámbitos, poniendo en valor el ecofeminismo, como sustento de la vida, suponiendo, claro está, si aún hay alguna voluntad de salvar el planeta y la humanidad.

ECODES nos ofrece una nueva oportunidad para despertar de los letargos de nuestros conscientes sintientes y construir razones críticas de reflexión y pensamiento, que nos precipitan necesariamente a perturbar nuestras vidas para abrir las fronteras de la superficialidad a otras realidades ausentadas, pero no tan lejanas y no tan ajenas.

Este artículo es el prólogo de nuestro último informe Perspectivas de género en las migraciones climáticas, en el que Susana Borràs ha participado como parte del Consejo Asesor.

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