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Las dos fases de las migraciones climáticas

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Por Miguel Pajares*

Cada vez son más los estudios empíricos que demuestran que las migraciones climáticas están produciéndose ya ahora, y aquí hablo de migraciones como desplazamientos transfronterizos sin incluir los desplazamientos internos a los que también me referiré luego. Estudios sobre el terreno hechos por la Organización Internacional para las Migraciones muestran que hay gente que emigra de Bangladesh, de Vietnam y de otros países a causa de los efectos del cambio climático.[1] Lo mismo indican estudios del Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas y del CEPAL realizados en Centroamérica: éstos muestran que la gente no emigra sólo por la violencia y la pobreza, sino también por las sequías y otros impactos climáticos.[2]

Una característica importante de esas migraciones climáticas es que las personas afectadas apenas salen de las regiones en las que se producen. Los países a los que se emigra son principalmente los vecinos (la excepción podría ser la emigración centroamericana hacia Estados Unidos). Los datos migratorios avalan esa afirmación: las migraciones más importantes de África Occidental son las de los países del Sahel (los más afectados por el cambio climático) hacia los países costeros de la región. Igualmente, las migraciones de los países más afectados por los impactos climáticos de África Oriental, como Sudán y Somalia, van sobre todo a otros países de la región (Etiopía, Kenia y Uganda). Lo mismo que ocurre con las migraciones que se producen en Asia del Sur (de Pakistán, Afganistán, Bangladesh…), que principalmente se quedan en India y otros países de la zona. De modo que ya se producen migraciones climáticas pero son, sobre todo, dentro de las propias regiones más afectadas por el cambio climático.

Por otra parte, de momento, son mucho más importantes los desplazamientos internos climáticos que las migraciones. Etiopía sufre fuertemente los impactos del cambio climático, pero apenas emite emigración; en cambio, tiene grandes desplazamientos internos desde las zonas que se vuelven más áridas hacia la capital y las tierras altas más fértiles.[3] El mismo estudio citado antes,[4] que indicaba que ya hay emigración climática desde Bangladesh y Vietnam, también decía que los mayores movimientos que provoca el cambio climático son los desplazamientos internos hacia sus propias ciudades costeras. Los datos generales apuntan en esa dirección: en el mundo hay unos 60 millones de personas que se trasladan cada año desde las zonas rurales a las ciudades, mientras las que emigran hacia otros países son unos 9 millones, o bien 5,6 millones si descontamos las que retornan anualmente. En el caso de Asia del Sur, por cada persona que emigra hay 15 que se desplazan a las ciudades, como se comprueba al comparar los datos de desplazados que da el Banco Asiático de Desarrollo con los migratorios de Naciones Unidas.

En definitiva, el cambio climático ha provocado hasta ahora muchos más desplazados internos que migrantes, y de los migrantes producidos la mayoría se ha quedado en los países vecinos. Sin embargo, si el cambio climático sigue su curso actual (es decir, si los gobiernos siguen sin adoptar las medidas que realmente servirían para frenarlo), en unas pocas décadas se producirá un punto de inflexión y las migraciones climáticas deberán salir de esas regiones.

Por el momento, son las ciudades y megaciudades tropicales las que más reciben los desplazados y migrantes climáticos. Pero tales ciudades tienen en su horizonte graves amenazas climáticas. Una que será cada vez más difícil de gestionar es el calor. Se sabe que, si no frenamos el calentamiento global, todas las ciudades del mundo se encontrarán dentro de unas décadas con que el verano más frío sea como el más caliente del período 1960-2005, pero eso ocurrirá mucho antes, y será más duro, en las ciudades situadas entre los trópicos. Otro grave problema que sufrirán es la escasez de agua potable. El Banco Mundial advirtió en el 2016 de que la competencia por el agua que llevarán a cabo los sectores de la agricultura y la energía puede suponer que en el 2050 las ciudades tropicales hayan perdido dos terceras partes del volumen de agua del que disponían en el 2015.[5] Pero además, las ciudades que son costeras (la mayoría de las grandes urbes tropicales) se encontrarán con la subida del nivel del mar.

Hay varios estudios que hacen estimaciones sobre la población que se verá desplazada por la subida del nivel del mar. En el 2011 se calculaba que habría entre 114 y 192 millones de personas que deberían haber abandonado las llanuras urbanas inundables de las ciudades costeras antes del 2060.[6] Otra estimación del mismo año hablaba de 187 millones de personas.[7] Pero los estudios más recientes elevan esos datos, de la misma forma que advierten de que el deshielo está acelerándose y la subida del nivel del mar será mayor de la esperada hace unos años. Ahora se estima en 300 millones de personas la población que hacia el 2050 podría vivir en llanuras urbanas inundables por agua marina.[8] A ello hay que sumar la subsidencia, el hundimiento que sufren las grandes ciudades por su peso y por el drenaje de sus acuíferos.

Así, mi tesis es que los movimientos humanos que provoca la crisis climática se darán en dos fases diferentes. En la primera fase lo que prevalece es el desplazamiento interno desde las zonas rurales hacia las ciudades, y en particular hacia las costeras, además de una emigración a pequeña escala hacia los países vecinos. La segunda fase se dará cuando esas ciudades vayan inundándose y sufran con fuerza otros impactos climáticos. Buena parte de la población que deba salir emigrará (o lo intentará), porque, aunque el resto del país no esté inundado, estará sufriendo otros efectos de la crisis climática. En muchos casos, se tratará de población que ya se fue a la ciudad huyendo de las zonas rurales porque el cambio climático las volvió inhabitables y, por tanto, no retornará a ellas. De modo que en esa segunda fase lo que prevalecerá es la emigración desde las ciudades costeras hacia otros países, emigración que será de más larga distancia, dado que los países vecinos también sufrirán los impactos climáticos.

Ahora nos encontramos en la primera fase, que puede acelerarse en los próximos años, tanto por las sequías y otros efectos del cambio climático, como por los conflictos bélicos que puede alimentar. La segunda fase se iniciará en momentos diferentes dependiendo de la situación y los impactos climáticos que sufra cada ciudad; y será más o menos intensa, en función de las medidas que los gobiernos (especialmente los del mundo rico) adopten contra el cambio climático.

 

*Miguel Pajares es Licenciado en Ciencias Biológicas y doctor en Antropología Social por la Universidad de Barcelona. Miembro investigador del Grup de Recerca sobre Exclusió i Control Social, adscrito al Departamento de Antropología Social de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Barcelona. Presidente de la Comisión Catalana de Ayuda al Refugiado.

[1]IOM. 2016. Assessing the Climate Change, Environmental Degradation and Migration Nexus in South Asia <link>

Warner, Koko et al. 2009. “Researching environmental change and migration: evaluation of EACH-FOR methodology and application in 23 case studies worldwide”. En: Laczko, Frank and Aghazarm, Christine, Migration, Environment and Climate Change: Assessing the Evidence. IOM <link>

[2] PMA (Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas). 2017. Seguridad alimentaria y emigración. Por qué la gente huye y el impacto que esto tiene en las familias que permanecen en El Salvador, Guatemala y Honduras <link>

CEPAL. 2018. Atlas de la migración en los países del norte de Centroamérica (LC/PUB.2018/23), Santiago <link>

[3] World Bank. 2018. Groundswell: Preparing for Internal Climate Migration <link>

[4] IOM. 2016.

[5] World Bank. 2016. High and Dry Climate Change, Water, and the Economy <link>

[6] Government Office for Science, UK. 2011. Foresight. Migration and global environmental change. <link>

[7] Nicholls, Robert et al. 2011. “Sea-level rise and its possible impacts given a ‘beyond 4◦C world’ in the twenty-first century”. Phil. Trans. R. Soc. A (2011) 369, 161–181 <link>

[8] Kulp, Scott and Strauss, Benjamin. 2019. “New elevation data triple estimates of global vulnerability to sea-level rise and coastal flooding”. Nature Communications <link>

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